Cómo conseguir una novia en 2018

[Traducción al español] Carta de Doinb de The Players' Tribune

2020.01.09 14:50 KatarsisEsp [Traducción al español] Carta de Doinb de The Players' Tribune

Somos los Campeones

Hoy es mi vigésimo tercer cumpleaños y tengo mucho por lo que estar agradecido.
En los últimos meses, he conseguido muchas metas que parecían ser casi imposibles hace no mucho. Me convertí en el dieciseisavo jugador en conseguir 1.000 asesinatos en la LPL. Ayudé a mi equipo no sólo ha competir, sino también a ganar la gran final de los Mundiales de League of Legends y, finalmente –y esto fue muy especial dado mi viaje–, me convertí en el primer jugador extranjero en conseguir la residencia de la LPL.
Sé que 23 años pueden no ser muchos para algunos, pero en deportes electrónicos las cosas son diferentes. Tu tiempo como competidor es muy limitado –cada momento es valioso. Si me hubieras contado hace tres años cómo iba a ser mi vida con 23, nunca te hubiera creído. Todo esto hubiera parecido ser imposible.
Sinceramente, no sabía mucho sobre deportes electrónicos cuando empecé a jugar al League of Legends.
Esto fue en torno a 2013, cuando pasaba todo el tiempo que podía en cibercafés de Seúl jugando al LoL con mis amigos. Jugábamos porque el juego era único. Jugábamos porque nos retaba como grupo. Y jugábamos por la misma razón por la cual sigo jugando hoy en día: porque es la cosa más divertida en el mundo.
Siempre me han gustado los videojuegos. Mi padre trabaja para una gran empresa de telecomunicaciones en Corea, así que, de joven, siempre tuve diferentes ordenadores de alta tecnología y portátiles por toda la casa.
Les di buen uso, eso seguro. Mis padres trabajaban mucho, así que, cuando no estaban, yo me ponía a jugar. Y, sinceramente, no hay mejor régimen de entrenamiento para convertirse en jugador profesional que el ser un joven con mucho tiempo libre y poca supervisión. Iba al colegio por las mañanas, llegaba a casa a las dos de la tarde y jugaba a videojuegos todo lo que podía.
No era sólo un hobby. Incluso antes de jugar al LoL, cuando sólo jugaba a juegos de single-player, sabía dos cosas: que era muy bueno a cada juego que jugaba y que amaba cada segundo que pasaba jugándolos. Mis padres lo sabían. Mientras que tenía amigos que soñaban con convertirse en actores o ídolos del pop, aquello no era en lo que yo soñaba. Yo sólo quería jugar a videojuegos. Sin el apoyo de mis padres, no estaría donde estoy hoy.
Lo que me encantó en particular de League of Legends fue que era el primer juego al que jugaba en el que podías hacerte un equipo con tus amigos. Y tuvimos que descubrir cosas por nuestra cuenta –aprendimos de cada partida y desarrollamos nuestro propio estilo y tácticas. Pero, más allá de esto, nos lo pasábamos muy bien. Y, casi de forma inmediata, descubrí que tenía un instinto natural para el juego. En mi primer mes, me convertí rápidamente en uno de los jugadores top en la clasificación de Corea.
En aquel momento, no estaba seguro de si aquello era gran cosa. No tenía ni idea de que había otra gente que amaba el juego tanto como yo. No fue hasta que empecé a streamear por primera vez que me di cuenta de algo extraño: había mucha gente viendo mi stream. Mucha gente.
Poco después, organizaciones profesionales empezaron a ponerse en contacto conmigo. El LoL estaba explotando y mucha gente estaba intentando formar equipos, y no sólo en Corea, en todas partes.
Sinceramente, fue algo abrumador –y, de alguna manera, único.
Muchas veces, aquellos que terminan siendo profesionales en el fútbol o en el baloncesto han estado preparándose en su deporte desde pequeños. No sólo desarrollan sus habilidades como jugadores, también obtienen experiencia al ser parte de un equipo. Llegar al nivel más alto no sucede de repente normalmente.
Sin embargo, en deportes electrónicos, el tiempo que pasa desde que muestras potencial (de lo que es básicamente un hobby) hasta que te conviertes en profesional es básicamente inexistente. Es una transición para la que nadie te puede preparar. Los deportes electrónicos no son estar en un cibercafé con tus amigos. Llegar al más alto nivel es un éxito, pero no hay un mapa sobre cómo llegar allí –ni sobre cómo quedarse.
Cuando tuve la oportunidad de irme a China en 2015 para competir en la LPL, fueron mis padres los que me animaron a ir. Sé que fue algo muy raro y especial el que ellos fueran tan comprensivos, pero vieron lo mucho que me apasionaban esos juegos y querían que persiguiera mi sueño –incluso si aquello significaba mudarme a otro país siendo adolescente.
Por ello, quiero al menos dedicar un momento a decir: Gracias, mamá y papá. Sois la razón por la que estoy aquí.
Aun así, no creo que tuviera mucha idea de a dónde me estaba metiendo cuando me mudé a China.
Al principio, me sentí bastante intimidado por todo.
Obviamente, parte de ello venía porque era muy joven y estaba viviendo en un país extranjero por primera vez. Desde el día en el que llegué a Shanghái, fue obvio que incluso llamar a un taxi iba a ser un gran reto. Siempre me he considerado una persona muy extrovertida, pero el no ser capaz de comunicarme sin la ayuda de un traductor me hizo ser más reservado. Por primera vez en mi vida, como que me encerré en un cascarón.
Entonces, conocí a una chica.
Para ser exactos, conocí a la chica.
Estaba en una cafetería de Shanghái donde van muchos coreanos. Ni siquiera bebo café, simplemente estaba allí con uno de mis compañeros coreanos para echarle un ojo al sitio. La vi de inmediato.
El equipo tenía un traductor para nosotros mayormente para los entrenos y los torneos, pero no estaba con nosotros todo el tiempo. Y, ese día, no había venido con nosotros a la cafetería. No me importó, sabía que tenía que hablar con aquella chica; así que fui a la mesa en la que estaba y… Me quedé de pie y la miré durante un rato. Ya sabes, como una persona rara. Cuando por fin encontré las palabras adecuadas, me di cuenta de que no hablaba mucho coreano, sólo frases básicas como “hola” y “gracias”.
Por alguna razón, no me pidió que me fuera. Su nombre era Li Youzi y era una comentarista china de deportes electrónicos que se hacía llamar Uni y que viajaba a Corea de vez en cuando. Ambos sacamos nuestros teléfonos y empezamos a usar una aplicación de traducción para tener una conversación. Rápidamente, a pesar de la barrera del idioma, quedó claro que teníamos mucho en común. Fue como una chispa –una que nunca se apagó.
Gracias a Dios por la tecnología.
Mientras mi relación con Umi florecía y me ofrecía la estabilidad que faltaba en mi vida, todavía quedaban muchos retos que superar como jugador import intentando tener éxito en la LPL.
Quiero dejar clara una cosa para los aspirantes a jugadores, en particular a los que vienen de Corea: Si te vienes a China por el dinero, entonces no vengas.
En serio, si sólo es por el dinero, no lo hagas. No merece la pena. Las probabilidades de conseguir éxito son mínimas.
Cuando me vine a China, yo era, probablemente, uno de los cientos de jugadores coreanos y entrenadores que vinieron a competir a la LPL. Cuatro años después, quedamos una docena. Creo que hay varias razones.
Primeramente y por encima de todo, el LoL es un juego basado en la comunicación. Así que, si te vas a mudar a un país diferente, está en ti el aprender su cultura. Muchos de los jugadores que vienen se cierran y sólo hablan con otros jugadores coreanos cuando juegan. Me esforcé al principio en aprender mandarín. Aunque tuve dificultades tras convertirme en profesional, al menos tenía la habilidad de comunicarme con mis compañeros en los partidos –lo cual es una gran ventaja. Tener una novia que habla el idioma tampoco fue malo.
La razón principal por la que quise competir en la LPL fue simplemente porque, de todas las ligas de LoL del mundo, era la que más disfrutaba viendo. Las tácticas eran únicas y cada partido era una guerra. Había mucho potencial a desarrollar. Sabía que, si quería convertirme en uno de los mejores del mundo, tenía que irme a China.
Pensándolo ahora, estoy feliz de que mi principal motivación fuera mi amor por el juego porque, de lo contrario, no habría seguido tras el primer año. Una vez eres profesional, esto ya no es un cibercafé.
Eres los resultados. Sólo eso.
Puedes hablar, crear estrategias y memear todo lo que quieras, pero, si hay algo que hace a los deportes electrónicos tanto justos como a veces destructivos, es que tu actuación habla por sí sola. No puedes esquivar la verdad. Con ello, vale la pena recordar que todo el feedback que recibes depende de cómo jugaste la última vez. Cuando estás ganando, hagas lo que hagas, lo estás haciendo bien. Cuando pierdes, hagas lo que hagas, te estás equivocando.
La única manera en la que puedes determinar cómo te perciben es con tu actuación –en cada uno de los partidos.
E incluso entonces –incluso entonces–, algunas personas seguirán diciendo que simplemente tuviste suerte.
Definitivamente, tener éxito en esta industria se basa constantemente en luchar contra la baja autoestima. La verdad es que no es muy difícil jugar al LoL constantemente al mayor nivel. Incluso si haces todo lo que tienes que hacer, si entrenas constantemente, si pones todo tu corazón en convertirte en profesional, seguirá habiendo una gran posibilidad de que las cosas no funcionen.
El éxito encuentra a las personas en formas diferentes y en momentos diferentes, pero creo que la mayor razón por la que pude experimentarlo este año fue por la confianza. Confianza en mis compañeros. Confianza en la organización. Y, sobre todo, confianza en mi.
Hubo un tiempo en el que pensé que nunca llegaría a los Mundiales. Era algo que quería sobre todo lo demás, pero la idea de llegar –ya ni hablamos de ganarlos– parecía ser lejana.
En mis cuatro primeros años viviendo en China, tenía una tradición que odiaba. Cada año, cuando se jugaban las finales, me quedaba en mi apartamento (porque mi equipo no había llegado), pedía comida a domicilio y veía el partido. Odiaba esa comida. Odiaba ver el partido. Odiaba no tener el nivel que necesitaba y no tenía claro cómo conseguirlo.
No duermo mucho. Nunca lo he hecho, pero ha sido así en especial desde que me convertí en profesional. Durante los últimos cuatro años, he pasado alrededor de 15 horas practicando al día e intentando mejorar. Quiero a Umi, pero no puedo pasar con ella todo el tiempo que me gustaría. Durante la temporada, mi vida se basa en comer, dormir, entrenar y competir. No importa cuánto ames el juego, ser un jugador top requiere un gran sacrificio.
Yo hice esos sacrificios. Dejé a un lado relaciones personales. Le he dado a este juego cada momento di vi vida profesional y de mi tiempo libre.
Y hubo un largo periodo de tiempo en el que no parecía que mis sacrificios iban a valer la pena.
Mi carrera tocó fondo en 2016.
El equipo en el que estaba tenía problemas y me habían mandado al segundo equipo –ni siquiera jugaba los partidos. No poder jugar destruyó mi espíritu. No sabía quién era si no jugaba al LoL. Es una gran parte de mi. Todavía me estaba adaptando a muchas cosas, no sólo a la LPL, también a un nuevo país y a una nueva cultura. Todavía no podía comunicarme como quería y, con toda esa frustración acumulándose, estaba listo para retirarme.
La razón por la que no lo hice –la única razón por la que no lo hice– fue por Umi.
No importa cómo juegue, ella siempre es mi mayor fan. Es difícil no dar con ella en mis partidos porque siempre está allí animándome. Tiene un lema que le gusta repetir: “El trabajo duro tiene su recompensa.” Me lo dice constantemente y lo cree realmente. Incluso cuando no se me valoraba tan alto en el ámbito profesional y había muchas razones para creer que mi carrera estaba acabada, ella vio lo mucho que quería esto y todo el esfuerzo que estaba haciendo.
Me dijo que, si esperaba un poco más, encontraría mi camino. Y eso es lo que hice. Es muy simple.
De muchas maneras, ella es la razón de todo lo bueno en mi vida.
Incluso cuando mi equipo bajó a la LSPL, me quedé en él. En un año, tras pensar que mi carrera estaba acabada, les ayudé no sólo a volver a la LPL, también fui nombrado MVP de la temporada regular. Ese fue el momento en el que empecé a tener unos seguidores, cuando la gente empezó a ver en mi lo mismo que Umi.
Pero incluso cuando empecé a tener éxito, había otros contratiempos. Antes de firmar con FPX a finales de 2018, estuve cerca de retirarme otra vez debido a algunos problemas en mi cuello y espalda. Al principio, no me tomé en serio el dolor que tenía porque asumí que todos lo sentían. Los jugadores profesionales pasan muchas horas sentados, por lo que es común tener tortícolis. Entonces, un día, el dolor se volvió insoportable.
Fui al hospital y me hicieron una resonancia magnética, y el doctor me dijo cómo de serios eran mis problemas de columna. Me aterrorizó. Me dijo que si me tomaba un descanso de mi régimen de entreno, seguramente podría recuperarme. Pero sabía que si dejaba de jugar durante un largo periodo de tiempo, sería el final de mi carrera. No hay margen de error en este juego. Simplemente, hay demasiados buenos jugadores –además de los jóvenes novatos que se están esforzando por quitarte el puesto. No existe el descanso cuando eres profesional. Es un vamos, vamos, vamos hasta que ya no puedes.
Definitivamente, fue FPX el que frenó mi retirada. Lo que me ofrecieron no fue sólo la oportunidad de ser parte de un gran equipo, también fue el recibir terapia física cuando no estaba entrenando.
Me ofrecieron hacer todo lo que estuviera en sus manos para ayudarme a seguir jugando, pero no fue sólo su voluntad de ayudarme a recuperarme lo que hizo atractiva la idea de unirme a FPX. También unieron a un gran grupo de gente para ser mis compañeros.
Un grupo realmente bueno.
Lo primero que les dije a mis compañeros cuando me uní a FPX fue que, si no lo hacíamos bien, yo asumiría la culpa.
Es el un rol al que estoy acostumbrado. He escuchado un montón de comentarios hirientes a lo largo de mi carrera debido a mi estilo de juego. Agradezco que exista el “Pro view” porque así la gente puede entender un poco mejor por qué juego de la forma en que lo hago. Pero, en general, la manera en la que juego se refleja en las estadísticas, especialmente en comparación con otros medios. Siempre lo he aceptado porque veo el rol de manera diferente. Disfruto permitiendo que mis compañeros operen y jueguen al más alto nivel.
Desde el principio, le pedí a mis compañeros que entendieran mi estilo y que confiaran en mi. Incluso les dije directamente: “Si no confiáis en mi, entonces no necesito estar aquí.” Todos habíamos llegar de forma diferente a FPX.
Conocía a Lwx y a Crisp desde 2017, cuando éramos compañeros de práctica para equipos de camino a los Mundiales aquel año. Aquella experiencia –tanto competir con ellos como ver de primera mano el nivel que necesitar para ganar en la LPL y competir en los Mundiales– tiene un precio incalculable en nuestro desarrollo.
Tian era joven, pero su talento era increíble. Supe rápidamente que era un jungla que podía ayudarnos a ganar a cualquier equipo –no sólo en la LPL, también en todo el mundo. Y GimGoon era un jugador experimentado y sabía que podía confiar en él en cualquier situación. Había estado ya un año en FPX cuando me uní y era otro jugador coreano que había encontrado su lugar en la LPL. Nos respetamos mutuamente de inmediato.
Cuando nos juntamos, lo que me encantó del equipo era que todos jugábamos al juego a nuestra manera –y encajó de forma natural. También evolucionamos y crecimos juntos, por lo que, cuando llegaron los Mundiales, jugamos tan bien como siempre lo habíamos hecho. Y no importó el obstáculo al que nos enfrentamos, había confianza entre nosotros para poder superarlo.
Para mi, el haber llegado a los Mundiales por primera vez este año –no tener que verlo desde mi apartamento mientras como comida a domicilio– ya era un sentimiento increíble. Sólo eso, tras haber estado tan cerca de retirarme, pareció ser la validación por haber tomado la decisión correcta al haber continuado mi carrera.
No mentiré, no tuvimos el inicio que queríamos. Necesitamos un par de partidas para relajarnos, pero, una vez nos calmamos y forzamos a otros equipos a jugar a nuestro estilo, fuimos imparables.
Mucho del día en el que ganamos los Mundiales queda borroso. Lo que más recuerdo de las finales es volver al hotel. Dejé mi móvil allí al principio del día. Cuando lo miré, tenía muchos mensajes. Cientos, tal vez miles, y me llegaban continuamente. Gente alrededor del mundo, pero en especial desde China, dándome la enhorabuena.
Me di cuenta de lo especial que era. Llegué a China como un niño desconocido persiguiendo un sueño y ahora he creado una vida aquí con la mujer que amo, con un gran equipo y con unos fans maravillosos.
Sinceramente, todo es tan perfecto que mi único miedo es el exceso de confianza. Tras ganar los Mundiales, les dije a mis compañeros que no se les subiera a la cabeza. Después de todo, esta sólo ha sido la primera vez. Nuestra meta nunca debería ser conseguir una gran victoria y retirarnos.
Nuestra meta debería ser ganar los Mundiales dos veces, tres, cuatro… Y ser capaces de dejar nuestra huella en el juego, ayudar a inspirar a la generación joven de jugadores.
Si eres lo suficientemente bueno como para ganar los Mundiales una vez, ahí es cuando tu ambición tiene que empezar.
No sé cuánto más seguiré jugando a este juego, pero, mientras tenga la habilidad física y mental para competir a este nivel, no puedo parar. No dejaré de entrenar. No dejaré de soñar con el LoL.
Es, simplemente, muy divertido.
Pero, cuando deje de jugar, podré sonreír sabiendo que lo he dado todo por este juego –y me ha devuelvo más de lo que podría haber imaginado.
Umi, enhorabuena. ¡Somos los campeones!
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2019.02.18 11:14 RaulMarti LOS TRABAJADORES,HUERFANOS DE REPRESENTACION CON LA IZQUIERDA Jon E. Illescas (2a.. parte )

2ª. PARTE
Ante este escenario, en España VOX conecta con parte del buen sentido común de la gente corriente que Gramsci conceptualizaba como progresivo (había otro que caracterizaba como regresivo, irracional y supersticioso).
Esta parte de “buen sentido común” gramsciano lleva a los votantes de VOX a atender a preocupaciones reales y materiales que cualquier trabajador entiende perfectamente.
Así, desde lo que llamo “la izquierda seria”, alejada de las “alertas anfifascistas” proclamadas a modo rimbombante ante los medios que los parieron por personajes públicos de errática trayectoria que viven en residencias señoriales en la sierra madrileña, hemos de entender que los votantes de VOX no son todos fascistas, al menos, de momento.
Son gentes de distinta procedencia que observan y denuncian problemas reales pero se apoyan en soluciones regresivas y protofascistas predicadas por oportunistas personajes de derecha populista auspiciados por una parte del gran capital que siempre conserva la carta del fascismo como un as en la manga dispuesto a ordenar el desorden creado por sus bacanales neoliberales.
Los ejes de VOX son la unidad de España, efectivamente cuestionada por un nacional-independentismo regresivo y posfeudal como el catalán o el vasco; la locura del feminismo mainstream actual avivado por ciertos sectores de la clase capitalista para dividir a la clase trabajadora por sexos; o la duplicación de instituciones estatales como el Senado o las comunidades autónomas que, efectivamente, tienen una productividad muy baja y en muchos lugares producen más daño que beneficios a la población (por ejemplo, en el sistema nacional de salud o en ciertos sectores de la educación).
Sin embargo, obsérvese como Vox no cuestiona una institución tan poco “productiva” para las gentes que moran y trabajan en España como la monarquía, es más: la celebran.11 Tampoco en lo económico aportan nada nuevo, son básicamente neoliberales sin complejos, muy parecidos a la mayoría de políticos del PP o Ciudadanos que pretenden conseguir el apoyo obrero en base a venderles la clásica moto de que si los empresarios pagan menos impuestos, ganarán más y sus salarios serán más grandes con lo cual todos se irán felices y contentos a comer perdices.
Así que, pese a sus serias limitaciones programáticas y discursivas, VOX conecta con parte de la población hastiada de muchas sandeces y omisiones de la izquierda posmoderna.
¿Ejemplos? El feminismo exaltado de algunas y algunos que como ya no se atreven a cuestionar el sistema económico porque no saben ni tienen formación (para tenerla no cuentan los tweets ni las horas de “activismo” en Facebook) ni planes alternativos (socialistas) que proponer a la población, deben entrar en el mercado (capitalista) de la diversidad para parecer diferentes a la derecha gobernante (diferentes en lo simbólico, no en lo material donde son del todo yermos).
Así apoyan un feminismo productor de nuevas injusticias con su lamentable “discriminación positiva” que genera más resentimiento que afecto entre la clase obrera (políticas que hunden sus raíces en los gobiernos liberales estadounidenses de Kennedy y Nixon).
Un feminismo hipertrofiado por la testosterona de hombres irrisoriamente acomplejados por algún pecado original que del mismo modo que no fue culpa ni autoría de ninguna Eva, tampoco lo fue de ningún Adán, sino de las limitaciones propias de un estadio concreto del desarrollo sociocultural del ser humano y la división sexual del trabajo.
Llegados a este punto, quiero dejar claro (aunque seguro muchos lo obviarán intencionadamente) que no es que opine que no queden cuestiones por cambiar para conseguir la igualdad de la mujer respecto al hombre, el problema es que los métodos para conseguirla pueden producir nuevas injusticias y por otra parte es honesto reconocer que ya la mujer se ha igualado en numerosos aspectos al hombre cuando no se ha puesto por encima suyo en algunas cuestiones en los países desarrollados.
En este sentido, las políticas discriminatorias no ayudarán a resolver los problemas donde efectivamente la mujer está por debajo del hombre en estas sociedades donde la lógica del capitalismo ha ayudado a que con la incorporación de la mujer al mercado laboral ésta haya ganado una autonomía económica y política inédita en cualquier época anterior.
Las mejoras que la situación de las mujeres han experimentado en los países capitalistas desarrollados las últimas décadas ha sido espectaculares y no reconocerlas es falsear la historia.
El movimiento socialista debe luchar por la igualdad de los seres humanos, no por la desigualdad (y por eso hay que finiquitar las clases sociales que dividen y enfrentan a unos con otros).
No se puede luchar izando la bandera de lo que nos hace diferentes sino con aquella que representa lo que nos iguala. No para obviar o marginar la diferencia, sino al contrario: para aceptarla como algo natural que no tiene ni aspira a tener más protagonismo del que posee.
Además, hay que recordar a las y los comunistas que confunden churras con merinas que, tanto Marx como Engels afirmaron en un documento tan popular como el Manifiesto Comunista (que tantísimos autoproclamados “marxistas” ni han leído ni entendido) que el capitalismo era el máximo destructor de la sociedad patriarcal.
Por tanto aquellas teorías del “feminismo marxista” donde se igualan el funcionamiento del capitalismo con el patriarcado son simplemente falsas, careciendo de todo rigor histórico y teórico suficiente excepto para las y los convencidos.
En este sentido, es muy interesante leer las críticas que dos marxistas que no se consideraban feministas como Rosa Luxemburg o Aleksandra Kollontái dedicaban al movimiento sufragista.
Muchos (y muchas) están cada vez más cansados de que se estigmatice a los hombres, que se implementen políticas de “discriminación positiva” como las “listas cremallera” y/u otras en base a diferencias de acceso o brechas salariales que en no pocos casos provienen de estudios tendenciosos con una metodología científica y heurística más que cuestionable.
Hay que recordar que, en España, con la ley en la mano, a igual ocupación no puede existir diferente salario y, de hecho, no lo hay.
Sumado a ello, cada vez más mujeres y hombres están hartos de que se privilegie a la mujer en el tratamiento de ciertas noticias por el mero hecho de ser “mujer” (como si eso fuera una debilidad) o se estigmatice a los hombres como protoacosadores, agresores, abusadores, violadores y proxenetas latentes en potencia (¿dónde dejó nuestra izquierda uno de sus mejores vástagos históricos como fue la presunción de inocencia?).
En contraposición, la “izquierda de la diversidad” que baila al ritmo de las modas del capital, cada vez trata mejor a los animales a tenor del aumento de activismo “animalista.
O eso dicen, pese a que cada vez observo a más animales por la calle castrados y/o zarandeados por el cuello con las correas de sus amos.
En un mundo gobernado por la lógica del capital y el beneficio, donde la alienación social y el individualismo narcisista y competitivo no cesa de aumentar quebrando las relaciones de confianza y solidaridad entre las personas, las “mascotas” (que ya no animales) vienen a sustituir ese hueco emocional dejado por el marido que se marchó, la novia que no se encuentra, el amigo que no se tiene, la hermanita que no llega o el hijo que se fue a otro país para encontrar trabajo.
El aumento del número de personas con animales-mascotas ha crecido exponencialmente al ritmo de una industria que ya mueve, solo en la Unión Europea, 36.500 millones de euros anuales (la mitad de lo que gasta en salud pública el gobierno de España).
En un momento en que en nuestro país crece el número de hambrientos hasta las 600.000 personas,20 ya tenemos a 20 millones de mascotas entre nosotros (repartidas en 4 de cada 10 hogares).
La gente del “primer mundo” se gasta más en mantener a animales que tienen esclavizados disponiendo de ellos como objetos de consumo o como juguetes biológicos de divertimento para intentar llenar su vacío existencial (más de 800 euros anuales en caso de los perros) que en alimentar a las más de 25.000 personas que se mueren de hambre al día (¿conoce usted a alguien que se gaste casi mil euros anuales para alimentar a los hambrientos?).
Así es nuestra izquierda: cada vez más ducha en el conocimiento del Manifiesto Animalista de Pellunchon y menos en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Desconocemos el apoyo que recibirán de los animales que algunxs aspiran a transformar en sujetos con derechos políticos,24 pero que pensamos tendrá un pésimo efecto como reclamo para una clase trabajadora que verá, sobre todo si es blanca, heterosexual y masculina, cómo después de llamarla “eurocéntrica”, “machista” y “especista” se la trata peor que a todos los colectivos de la diversidad, incluidos los que aspiran a “liberar” al simpático gatito Michu y al perrito Bobby de las garras de sus (quizás veganos) propietarios.
Ahí tenemos a una parte importante de nuestra izquierda: absolutamente desnortada.
+Jon E. Illescas es profesor de secundaria, miembro de IU y el PCE, licenciado en Bellas Artes y Doctor en Sociología y Comunicación. Es autor de los libros La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 2015, 3ª ed. 2018) y Nepal, la revolución desconocida. Crisis permanente en la tierra de Buda (La Caída, 2012).
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